Los profesores e investigadores de la Universidad de Málaga

José Fernando Troyano Pérez. Área de Sociología (Universidad de Málaga)

 

1. DEFINIENDO EL OBJETO

Uno de los efectos más notorios de la modernización social es la descategorización (o la recategorización) social de los individuos, cuyo comportamiento resulta menos condicionado por categorías de pertenencia que sirvieron a las teorías clásicas para explicarlo y comprenderlo. Ahora bien, de la individualización del comportamiento no se deduce su mayor diferenciación. Incluso puede darse el efecto contrario, unos hábitos, usos y demandas compartidos entre personas que, por su pertenencia a diferentes categorías sociales, pensábamos (con hábitos intelectuales del pasado) los tenían diferentes. Así, se generalizan la visión de televisión, el uso ocioso de Internet o la disminución de la lectura, más allá de las clases y los estratos sociales.

El profesorado de la Universidad de Málaga es por definición socialmente muy homogéneo. Sus niveles educativos y de renta sitúan a casi todos los profesores en una misma categoría social, sin necesidad de más consideraciones. Incluso la diferenciación entre doctores y no doctores (63,7% y 36,3%, respectivamente), que desde dentro resulta esencial, vista desde otra perspectiva no lo es, pues quien no se ha doctorado no manifiesta por ello una actitud hacia este logro, pudiendo tratarse de un “profesional de reconocido prestigio” que presta como profesor asociado un impagado servicio a la universidad (22,7% de los encuestados en Málaga y mayoritariamente masculino). El número de sexenios de investigación o el cuerpo docente marcan diferencias, pero más dentro que fuera de la institución. Por su influencia en otros campos, comprobada en el anterior estudio sobre jóvenes universitarios de este mismo proyecto, la edad, el sexo y el área de conocimientos son criterios de categorización cuya operatividad habrá que comprobar en cada caso.

El cuestionario que se ha pasado al profesorado de las universidades andaluzas esta primavera es muy parecido al pasado a los alumnos la primavera pasada. Las diferencias se encuentran en aquellas cuestiones utilizadas para categorizar a los encuestados, y menos en las que persiguen medir los usos, hábitos y demandas culturales, que han sido casi las mismas al objeto de poder comparar los resultados. Aunque la comparación entre las respuestas dadas a una misma cuestión es siempre posible, en unos casos lo es más fácilmente que en otros, y en todos cabe confundir las conclusiones de la comparación. Por ejemplo, mientras que la lectura de libros no profesionales significa lo mismo para cualquier categoría de las contempladas (el interés o el placer de la lectura), no ocurre igual con la asistencia a bibliotecas. La lectura o el préstamo de libros, como medio aún útil de ampliar conocimientos, forma parte de las funciones docente e investigadora que definen el perfil profesional del profesor universitario, mientras que definir como profesional al estudiante universitario resulta más difícil. El trabajo del alumno se resume en estudiar las asignaturas y aprenderse el programa de las mismas. En algunas cuestiones, no debe olvidarse la conveniencia de comparar utilizando esta lente: la diferente profesionalidad de los roles de alumno y profesor. También la diferencia de edad (45-46 años de media en la muestra de Málaga) puede inducir a interpretaciones equivocadas. Las posibles diferencias, en lectura por ejemplo, no permiten concluir que los jóvenes universitarios andaluces actuales leen más o menos que los de hace 25 años, sino que los jóvenes universitarios andaluces actuales leen más o menos que los actuales profesores universitarios. Una última puntualización en relación con la comparación de las respuestas fue hecha en el estudio anterior: los hábitos, usos y demandas privados son más probables por más fáciles entre personas con ingresos propios y de clase media alta (si se admite esta categorización para el colectivo, quizá autocomplaciente quizá sarcástica) que entre jóvenes económicamente dependientes y de adscripción social más extensa.

Se nos escapa, hasta otra ocasión, lo más difícilmente comparable: el significado de los usos, hábitos y demandas culturales, la emoción de oír por enésima vez ese cuarteto de Leos Janacek, de releer La isla del tesoro, de enamorarse con Billie Holiday, de sobrecogerse con los minutos finales del Dublineses de John Huston, de temblar al coger la edición de El Paraíso Perdido de Milton con ilustraciones de Doré que heredamos del abuelo. Emociones que descubrimos un día y son nuestras para siempre, que configuran nuestra identidad, como ser hermosa, saber leer, hablar francés o conducir un Ferrari. Lo relevante es tanto consumir como disfrutar. Aunque una y otra guarden relación, ni ésta debe darse por obvia ni ambas acciones deben confundirse.

2. PERFIL DEL PROFESORADO DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA

La edad media del profesorado de la Universidad de Málaga supera los 45 años. Los varones tienen una media algo superior a los 47 y las mujeres, cuatro años menos, superior a los 43. Los varones suman el 64% de la muestra, consecuentemente, el 36% son mujeres. Esta desigualdad tiene sus matices, quizá sean los más positivo que el porcentaje de mujeres funcionarias de la institución (66,2%) es mayor que el porcentaje de varones funcionarios (55,7%) y que la desigual presencia de los sexos se corrige con la menor edad, como se observa en el siguiente gráfico de doble entrada.

Porcentajes de varones y mujeres según grupo de edad

El reparto de sexos por sectores de actividad según Bourdieu reproducía en los espacios públicos los roles y funciones domésticas, pero el del profesorado de la Universidad de Málaga por áreas de conocimiento le da la razón sólo en lo posible. Porque la enseñanza universitaria nunca ha sido función doméstica, el hecho de que las mujeres estudien en la institución primero e impartan docencia después ya supone una ruptura con su rol tradicional. La familia corresponde al ámbito de lo privado y en ella rige el particularismo, mientras que la universidad es pública y universalista por definición (o debería serlo). Pero cierto es también que hay labores y conocimientos sexualizados (que se sexualiza el género gramatical cuando se habla del mar en sentido admirativo y de la mar en sentido afectivo), que hay en la universidad un reparto desigual de sexos por ramas de conocimiento que se ajusta a un estereotipo de la feminidad y la masculinidad.

Porcentajes de varones y mujeres por ramas de conocimiento

Ni poseer el grado de doctor, ni ser funcionario de la universidad, ni el cuerpo o la categoría administrativa discriminan a uno u otro sexo. Éste es un indicio de que los logros no los discriminan, no de que las exigencias sean las mismas para ambos sexos. Aunque es presumible que la mayor representación del sexo masculino a mayores edades sea resultado de una discriminación pasada (no necesaria ni probablemente universitaria), una mayor tensión entre la vida y la realización familiares y la vida y la realización laborales de las mujeres podría manifestarse de alguna manera en datos como el modo de convivencia y el nivel de ingresos declarado. Las diferencias son pequeñas, pero ahí están. En el nivel de ingresos declarados, el 61,1% de los varones declaran ingresos familiares del tramo superior, por sólo el 51,2% de las mujeres. En cuanto a las formas de convivencia y el estado civil, las diferencias son mayores en la proporción de solteros, 17,2% de los varones y 21,2% de las mujeres, y los casados y emparejados, 73% de varones y 70% de mujeres. Es decir, que el ideal mayoritario de una vida compartida con la familia de propia formación a partir de una determinada edad lo viven más los profesores que las profesoras. El mismo número de ellas que de ellos ha declarado vivir en una familia monoparental (consecuentemente, ellas viven más de este modo), y el 16,5% hacerlo sola, por un 13,3% de ellos.

Las preguntas sobre religiosidad y religión habituales en los cuestionarios siempre me han resultado descorazonadoras. Parte de mis dudas sobre su validez se explica con una anécdota que recientemente contaba por escrito Fernando Savater. Se le acercó una pareja para que le firmara un libro y le preguntaron: ¿es usted creyente? A lo que Savater respondió: ¿en qué? Con Fernando Savater, como con tantos otros lectores, debo haber compartido algunas lecturas (obviamente, con muy desigual provecho) y sospecho que una de ellas es la de Gilbert Keith Chesterton. En El puñal alado, uno de los más inspirados rompecabezas del padre Brown, puede disfrutarse el siguiente diálogo.

¿Qué opina usted de esto, como católico?

–Pues le digo que soy agnóstico –contestó el padre Brown sonriendo.

–Tonterías –pretendió Aylmer impaciente–, usted no debe hacer más que creer cosas.

–Pues naturalmente que creo algunas cosas –concedió el padre Brown–, y por ello, como es natural, dejo de creer en otras.

Las preguntas de los cuestionarios no recogen la religiosidad de quienes son agnósticos y creyentes (ateos y conversos, piadosos y pecadores, etc.). En materia de religiosidad, las alternativas de respuesta convencionales desinforman tanto o más que informan. Pocos pueblos como el andaluz poseen una religiosidad tan rica y viven con tanta naturalidad la incredulidad en sus creencias. ¿No debería permitirnos nuestra cultura religiosa comprender las limitaciones de esta práctica encuestadora y protegernos contra vicios ideológicos con graves consecuencias políticas?

Los alumnos contestaron a esta misma cuestión de forma bastante parecida, pese a que la distancia entre uno y otro colectivo es de una generación y la experiencia histórica muy distinta. En las tres alternativas católicas de respuesta se agruparon el 48,4% de los alumnos y se han agrupado el 50,9% de los profesores. Ateos se declararon el 13,2% de los alum-nos y lo han hecho el 11,9% de los profesores. Los no creyentes eran menos entre los alumnos, pues un 4,9% de éstos eran creyentes de otra religión (interesante uso lingüístico de ambas encuestas, “creyente de” y no “creyente en”), porcentaje que entre el profesorado es del 0,1%. Mis dudas acerca de la validez de esta cuestión son consecuencia de que ambas encuestas preguntan sobre religiosidad (experiencia del fenómeno) y no sobre religión (estructura normativa e ideológica) y conciben al creyente como miembro de una iglesia (“creyente de”) y obvian que también es un individuo pensante (“creyente en”). Al presentar, el 26 de diciembre de 1965 en la Iglesia Presbiteriana de la Quinta Avenida de Nueva York, su Concert of Sacred Music, la dimensión personalísima de la religiosidad fue subrayada por Duke Ellington con las siguientes palabras: “Cada hombre reza en su propia lengua y no hay lengua que Dios no comprenda”.

Se completa este perfil con datos referidos al nivel de estudios de la pareja y los padres. Atribuyendo a cada nivel de estudios un valor numérico equivalente a los años cursados para completarlo, se pueden obtener medias aritméticas que permiten una fácil comparación. De este modo se obtienen las siguientes medias de años de estudio: entre los padres, 11,3 (en la equivalencia aplicada, tres décimas inferior a bachiller superior); entre las madres, 10,1 (una décima superior a secundaria o a la anterior EGB); y entre las parejas, 14,9 (una décima inferior a universitarios medios). Aplicando las mismas equivalencias aritméticas, la media de los encuestados es de 18,5 (medio punto inferior al doctorado). Esta desigualdad positiva entre los profesores y sus parejas es mayor entre los varones que entre las mujeres, pues la media de estudios de las parejas de los primeros (presumiblemente mujeres en su mayoría) es de 16,8, mientras que la media de las parejas de las profesoras (presumiblemente varones en su mayoría) es de 17,7.

3. ASOCIACIONISMO

Pertenece actualmente a alguna asociación el 67,4% del profesorado. En este caso, las categorías construidas con la edad y el sexo marcan diferencias, y en menor medida la rama de conocimiento y ser o no funcionario de la universidad. Dos gráficos con las respuestas según sexo y edad resumen la información más relevante.

Con cautela deberían extraerse conclusiones acerca de la influencia de la edad, pues sólo nueve profesores de 65 y más años han sido encuestados (todos varones), si no fuese porque sus respuestas confirman la relación observada en los tres grupos más jóvenes. Tanto entre varones como entre mujeres, a mayor edad, mayor porcentaje de respuestas positivas. Respecto al sexo, casi quince puntos de diferencia entre hombres y mujeres es mucha diferencia. Explicamos el mayor asociacionismo masculino entre los jóvenes universitarios por el peso del asociacionismo deportivo, que entre ellos era muy alto, pero no ocurre de igual modo entre el profesorado. El asociacionismo es una forma (más) de vinculación del individuo con la sociedad, desigualmente compatible con otras. Posiblemente, las tensiones entre los roles públicos y privados sean la causa principal de la menor presencia femenina en las asociaciones, que se observa en todos los grupos de edad (al igual que ocurría entre los estudiantes).

¿Pertenece actualmente a alguna asociación? (%)

 

 

Por ramas de conocimiento, los profesores de técnicas son los menos asociativos (58,3%), seguidos de los de ciencias sociales y jurídicas (64,3%). Los más asociativos son los de humanidades (75,4%), seguidos de los de ciencias de la salud (74,6%) y ciencias experimentales (71,8%).

 

Resumirá las respuestas el próximo gráfico, que define, pese a su generalidad, diferentes modos asociativos. Uno de ellos, el mayoritario, relacionado con la actividad laboral o profesional, el colegio profesional y el sindicato; otro relacionado con una solidaridad más amplia, una adhesión a causas ajenas, el asociacionismo de ayuda al Tercer Mundo, asistencia y beneficencia; uno lúdico u ocioso, el deportivo; otro de causas próximas y compartidas, casos de la asociación religiosa, la de vecinos y la de consumidores, que reflejan una solidaridad más por afinidad que la definida por la genérica “ayuda al Tercer Mundo”. En el extremo opuesto están las causas que menos vinculan: el feminismo (militante), la antiglobalización, los inmigrantes, las prostitutas (curiosamente incluidas junto a pobres y ancianos). Conviene subrayar, pese a su obviedad, que la no asociación no refleja un desinterés ideológico sino una falta de compromiso práctico con las asociaciones, por los malentendidos que pueden originar los grados de afiliación feminista (no ideológica), deportiva (no consumista, como bien saben las cadenas televisivas), en defensa de los derechos humanos (de interés presumiblemente mayoritario) o ecológica. La no afiliación no es efecto de un desinterés por las causas, sino de una falta de compromiso práctico, que es más exigente cuando se trata, por ejemplo, de cuidar de extraños que de pagar la cuota. Porque el compromiso práctico es más probable cuanto más próxima sea la causa, sorprende que el 81,6% de los encuestados nunca haya estado sindicado (pese a que el promedio de vida laboral debe superar los veinte años) o el 88,1% nunca haya pertenecido a una asociación ecologista. No son causas ajenas ni distantes y, aun así, no motivan para asociarse en su defensa.

 

Más que de un déficit cultural (no parece debido a la ignorancia o la desinformación), puede tratarse de un déficit de sociabilidad característico de la sociedad local (a la que pertenezco por nacimiento y sentimientos). Al menos como hipótesis (y no aportando otros indicios que no vienen al caso en este informe), sugiero que, en el caso de Málaga, en la interacción entre universidad y sociedad local, la influencia de la sociedad sobre la universidad es mucho mayor que la de la universidad sobre la sociedad, y que este desequilibrio irá a más en el futuro. La ciudad y la provincia son destinos atractivos, lugares agradables donde vivir, pero también sociedades con poca capacidad para generar compromisos solidarios.

Mayores porcentajes de presencia y ausencia de las asociaciones

 
4. LECTURA

Si hablásemos de sexo, coincidirían muchos en que no tiene porqué gustar más a quienes más lo practican, ni gustar menos a quienes menos lo practican. La misma ecuación puede aplicarse a la práctica lectora. En bastante mayor medida que el resto de la población, el profesorado universitario ha de leer porque esta práctica es inherente a su trabajo, como lo es el gimnasio a las demás prácticas deportivas. Esa lectura es esencialmente profesional, aunque se la puede considerar cultural de igual forma que a comer o utilizar almohada (en un sentido que las diferencia de las prácticas que en este proyecto se estudian). Menos clara es la distinción entre hábito lector y placer de leer, que no necesariamente guardan relación directa. Leer libros no profesionales no indica que se lea por ocio, ni leer libros profesionales que se haga por obligación. Es el sujeto lector, y no el objeto leído, quien confiere esa cualidad a la lectura. Los libros cumplen variadas funciones, profesionales o laborales, ociosas y de otros tipos. Por eso, no podemos deducir directamente de las respuestas cuándo se lee laboralmente, cuándo ociosamente y cuándo de otro modo (cada día, durante unos minutos en la cama para conciliar el sueño, por ejemplo), pero sabemos qué y cuántas lecturas se hacen en tiempo laboral y qué y cuántas en tiempo de ocio. Si una lectura calificada profesional se practica en tiempo supuestamente de ocio, puede ser porque las obligaciones resten libertad a ese tiempo, pero también porque la profesión permita fundir ambas actividades (ocio y trabajo), transformando su convencional separación. Retomando la comparación con el sexo, quien no lo ha practicado nunca no sabe lo que se pierde y quien le ha cogido gusto a la lectura disfrutará de ella en cualquier momento. Si el tiempo, ocioso o laboral, diferencia claramente el tipo y la cantidad de las lecturas, podemos presumir una distinta motivación en las mismas; en caso contrario, podemos suponer que el profesorado trabaja y disfruta leyendo.

Limitamos, para empezar, la información a la lectura de libros, pues a ella estaban referidas las consideraciones anteriores. Dos cuestiones distintas preguntan sobre el número de libros profesionales y no profesionales leídos durante los doce meses últimos. Los estadísticos son los siguientes.

 

Con una desviación típica superior a la media en ambos casos, la mediana resume la práctica lectora general. Siete libros profesionales y seis y medio no profesionales dividen a la muestra en dos mitades.

Los jóvenes estudiantes universitarios malagueños mostraron en el estudio precedente dos modos de acceso a la cultura, uno más dirigido a la palabra y las formas tradicionales de expresión artística (cuyo mejor ejemplo eran los estudiantes de humanidades) y otro orientado hacia la imagen y las nuevas tecnologías (los estudiantes de técnicas). Los hábitos lectores del profesorado subrayan esta distinción. Las medias de libros leídos por ramas de conocimiento se ordenan del siguiente modo.

 

Ahora bien, leer más libros no implica leer más tiempo, como sabe toda persona que lea habitualmente, y más si lo hace por afición y por obligación. Por eso, los tiempos de lectura no coinciden con este orden y las diferencias de tiempos entre ramas se reducen, aunque rama de enseñanzas técnicas también presenta en esta medida de tiempo valores menores que las demás ramas. Los datos del cuadro anterior referidos a la lectura profesional y la mayor igualdad en los tiempos dedicados a la lectura inducen a suponer que una misma cantidad de lectura técnica y experimental requiere más tiempo que las demás. Pero esta suposición no explica las lecturas no profesionales. Se explican mediante la variable más influyente en la cantidad y cualidad de las lecturas del profesorado: la edad. Las edades medias de las áreas de conocimiento son: en Ciencias de la Salud, 48 años; en Ciencias Experimentales, 47; en Humanidades y Ciencias Sociales y Jurídicas, 46; y en Técnicas, 41.

La lectura de libros profesionales y no profesionales aumenta hasta los 65 años y en la mayor edad (65 y más) se reduce la de libros profesionales (aunque se mantiene mayor que la de 21 a 49 años) y aumenta extraordinariamente la de libros no profesionales.

Media de libros leídos por edades (%)

Aunque se pueden añadir matizaciones con mayor explotación de los datos, no es preciso leer entre líneas para concluir que la lectura aumenta con la edad. Entre la población nacional mayor de edad ocurre justamente lo contrario, a menor edad mayor lectura. Así pues, la lectura parece un hábito que se consolida con la práctica1. Supone, además, un primer indicio de que diferenciar entre lectura ociosa (libre) y laboral (obligada) puede resultar artificioso, de que el interés personal incluye el profesional, de que no se cuelgan los hábitos porque se cumpla una edad o finalice la jornada laboral. De que, con independencia de su valoración o devaluación social, la profesión confiere identidad. Lo subraya la difícil diferenciación entre lectura de días laborables y de fines de semana. Los fines de semana se lee más que el resto de la semana (sólo entre los jóvenes con mucha práctica lectora ocurría así, lo generalizado era lo contrario). Las preguntas no permiten medirlo, pero diferentes datos lo hacen probable, entre otros: los fines de semana leen más de media hora diaria el 82,7%, porcentaje que los demás días es del 80,1%. A diario leen libros no profesionales el 42,2% y profesionales el 53,3%. Quizá éste sea el dato que más subraya el que ha sido hilo conductor de este epígrafe, que la lectura profesional se hace también en días no laborables y la lectura no profesional se hace frecuentemente en días laborables. (No sabemos en qué medida una u otra actividad se realizan en uno u otro tiempo. Aunque, al ser leídos más tiempo, se presume que los libros profesionales son más leídos en días no laborables que los no profesionales en días laborables.) El 82,5% lee libros profesionales dos o más días a la semana, por un 66% que con la misma frecuencia lee libros no profesionales.

Las revistas profesionales son menos leídas que los libros. El 58% las lee con frecuencia igual o superior a dos días por semana (82,5% lee libros). Con frecuencia inferior a semanal la lee el 31,4%, porcentaje que en el caso de los libros profesionales es del 10,9%. En las frecuencias de lectura de revistas profesionales destaca la rama de enseñanzas técnicas, cuyo porcentaje de lectores con frecuencia igual o mayor que dos días por semana es del 69,4%, quince puntos superior a la media de las demás ramas, que se sitúan entre el 52,5% y el 56,3%.

Si de los jóvenes universitarios decíamos que leían más lo que más lee el conjunto de la población, de los profesores universitarios no podemos decir lo mismo. Lo más leído entre los libros no profesionales es, en primer y destacado lugar, la literatura española contemporánea, seguida de la literatura extranjera actual, la novela histórica y la literatura clásica; a continuación aparecen los best sellers, a los que siguen los libros de ciencia y tecnología (todos ellos con más de un 20% de lectores). Los menos leídos (coincidiendo con los usos del alumnado) son los libros de arte (5,7%) y poesía (7,4%). La edad vuelve a ser la variable más discriminatoria, hace que se produzca un trasvase2, desde la literatura contemporánea a la clásica y desde la ciencia y la tecnología al ensayo, y que aumenten las lecturas de arte y poesía.

El diario que más se lee es El País, seguido de la prensa local y la prensa gratuita. Entre los diarios de tirada nacional, sólo El Mundo (11,3%) y ABC (8,5%) tienen seguimiento destacable. El promedio es de dos periódicos leídos por cada lector y no se observan incompatibilidades entre las lecturas, quizás porque se piense que la buena información necesita de la pluralidad de fuentes, quizá porque en cada publicación se busca diferente información. El lector de ABC es de más edad (lo condiciona, entre otros posibles factores, la estructura física del diario) el de El Mundo, más joven, y el de El País, el más joven. La lectura de revistas no profesionales es ligeramente inferior a la de prensa diaria y bastante más variada. Salvo esoterismo, astrología y horóscopos, tipo con una sola mención (en respuesta múltiple), todos los demás tienen sus lectores. El primer lugar lo ocupan los suplementos de prensa (15,1%), seguidos de viajes (9,1%), naturaleza (7,1%), hogar, decoración, muebles (6,2%), otros temas (5,9%), informática y ordenadores (5,5%) y automóvil (5,3%) (lectura exclusivamente masculina)3.

5. USO DE BIBLIOTECAS

Cualquier profesor universitario puede inducir, a partir la experiencia propia y con bastante acierto, el uso que el conjunto del profesorado hace de los servicios de biblioteca. La frecuencia con que se va a la biblioteca está en función de unas pocas circunstancias, a saber: la docencia, la investigación y la duración del préstamo. El rol investigador debería discriminar entre profesores asociados y los especialmente dedicados a la universidad, como funcionarios, contratados o laborales, tanto en los préstamos para la investigación como en las visitas electrónicas.

Con los alumnos la comparación es difícil. Los alumnos necesitan menos lecturas para desarrollar su trabajo y el uso principal que hacen de las bibliotecas es como salas de lectura, en todas las ramas (pese a que las diferencias por áreas entre lectura y préstamo eran significativas y ayudaron a tipificar a los alumnos). Los profesores leen en sus despachos y en sus casas y, aunque soliciten más libros en préstamo que los alumnos, necesitan acudir con menos frecuencia al servicio de préstamo por ser éste más largo.

Para resumir la información sobre uso de los servicios bibliotecarios de la Universidad de Málaga por sus profesores, agruparé las frecuencias de visitas in situ y on line recogidas por el cuestionario en cuatro: semanales y diarias (desde todos los días a sólo los fines de semana), mensuales (de una a cuatro veces al mes), frecuencias menores y nunca o casi nunca.

Frecuencia de visitas a bibliotecas (%)

Quien no conozca el funcionamiento interno de la universidad puede sorprenderse. ¡Uno de cada cinco profesores no pisan la biblioteca! Además, las diferencias en estos usos entre los profesores dedicados full time a la universidad y los profesores asociados a tiempo parcial es muy pequeña (un uso poco mayor de los primeros). La más fácil explicación y más congruente con los hábitos lectores declarados es que se leen más los libros del departamento y menos los de la biblioteca. Es cuestión de comodidad y del funcionamiento del boca a boca para seleccionar las lecturas. En cambio, por razones operativas y también por comodidad, casi la mitad de profesorado realiza consultas on line semanalmente o con más frecuencia.

El uso mayoritario es el préstamo de libros, justificado en respuesta múltiple más por la docencia (69,1%) que por la investigación (54,2%). Dato congruente con el porcentaje de asociados a tiempo parcial (22,7%). En cuanto a la satisfacción, los satisfechos y los muy satisfechos suman el 69,8% y los insatisfechos y muy insatisfechos, el 3,8%. Los indiferentes son el 18,8%. La biblioteca de la que más uso se hace es la de la propia Facultad (68,4%), seguida de otras bibliotecas universitarias (15%), municipales (7,6%) y otras (6,8%). Las carencias de espacio (26,5%) y la falta de libros y revistas buscados (15,1%) son las carencias más señaladas. Quienes, por el contrario, no mencionan carencias suman el 17,1%.

6. RADIO Y TELEVISIÓN

Como cualquiera, comparto con mi padre (veinticinco años mayor que yo) algunos gustos y difiero en otros. A él le gusta más que a mí la película Historias de la radio (1955) y a mí me gusta más que a él Historias de la televisión (1965). Además de porque me resulta desternillante la idea de disfrazar a alguien de gorila y meterlo en una jaula a la vista del público (pretendiendo que el engaño tenga éxito), y de diferencias estéticas (los felices y yeyés 60 versus los difíciles y rancios 50), hay una razón generacional: lo que para su generación significó la radio y para la mía, la televisión.

Si se preguntan las horas diarias que se ve la televisión y la frecuencia de escucha radiofónica (diaria, semanal, etc.), se da por supuesto que la inmensa mayoría ve diariamente la televisión y no así la radio, y, en efecto, la gran mayoría ve diariamente la televisión, aunque no todos.

Horas de visión televisiva

Como se espera, los fines de semana se ve más televisión que los días laborables, porque así ocurre en general (la mediana aumenta de 2 a 3) y porque quienes más ven diariamente, ven aun más los fines de semana (el máximo aumenta de 5 a 10). En cambio, el estereotipo según el cual los mayores (supuestamente, con menos recursos lúdicos y más tiempo disponible) ven más televisión que los jóvenes (supuestamente, con más recursos lúdicos y menos tiempo disponible) no se cumple: a más edad y para todas las edades, menos televisión. Si a este dato añadimos el anterior de que la lectura aumenta con la edad, podemos sugerir que el profesor universitario es una persona que descubre actividades más entretenidas que ver televisión4.

Media de horas de visión televisiva por grupos de edad

Los programas vistos por más personas son los telediarios (26,2%), seguidos de las películas (19,1%), las series de todo tipo (10,3%), los documentales (8,5%), los reportajes informativos (7,3%), los deportes (6,9%) y el fútbol (6,4%). Lo más veces visto no es lo que más tiempo se ve, un partido de fútbol puede mantener al espectador casi dos horas frente al televisor y el fútbol o las películas pueden hacerlo mucho más. Que los informativos sean los programas vistos por más personas nos dice de su importancia como medio de información y, consecuentemente, formación populares. Se comprende que para quienes menos se informan y forman por otros medios, salir en la televisión sea la mejor (o la única) forma de confirmar la identidad e incluso la existencia. El reparto de visión televisiva por sexos se resume gráficamente del siguiente modo5.

Mayores audiencias televisivas según tipo de programa y sexo

El 41,6% tiene acceso a canales privados de televisión y el 56,9% no. Los primeros ven más televisión que los segundos, tantos los días laborables como los fines de semana, más películas y más deporte, menos humor y menos concursos.

 

La radio es oída a diario por el 75,1% de los encuestados. Radio y televisión no son medios alternativos sino complementarios. Si bien las películas y las series (televisivas) son propias de la televisión, los demás contenidos admiten ambos formatos, vídeo y audio, excepto, al parecer, el segundo más oído (después de los informativos), que en la televisión es de audiencia minoritaria, la música. Se observan diferencias por sexo (ligeramente superior la audiencia masculina), no así entre los grupos de edad (misma audiencia entre los dos grupos mayoritarios, 30-49 y 50-64), si bien la audiencia disminuye entre los más jóvenes (21-29) y los mayores (65+).

La audiencia radiofónica según tipo de programa y sexo

7. ORDENADOR, INTERNET Y TELÉFONO MÓVIL

De todos los usos observados en este informe no hay otro más masivo y uniforme que el del ordenador. El 97,5% de los encuestados lo tienen en casa. Entre los pocos que no lo tienen “en su domicilio habitual” la circunstancia más común es que viven solos. El ordenador de casa es de uso personal en un 53,2% de casos y compartido en un 46,6%. El uso exclusivo o compartido está en función de la estructura del hogar: los singles lo usan en exclusiva, quienes viven en pareja (sin hijos convivientes) lo comparten más y quienes viven con cónyuge o pareja e hijos, aun más (es decir, no hay en estos hogares más ordenadores que personas, como ocurre con los móviles, ni más que habitaciones, como ocurre en muchos casos con la televisión). Un 84,1% lo usa en la universidad y un 81,3% en casa. Las mujeres lo usan algo más en el trabajo (85,8% por 82,7%) y menos en casa (77,2% por 83,2%).

Tienen Internet en casa un 86,1%, es decir, el 88,3% de quienes tienen ordenador. Entre quienes tienen Internet en casa, el 61,5% con tarifa plana y banda ancha y el 31,3% con tarifa plana. La estructura del hogar vuelve a ser determinante: a más personas en el hogar, mejor servicio contratado. Aunque hay tres usos que destacan especialmente: el correo electrónico (87,5%), para la docencia (80,1%) y para la investigación (62,2%), casi todos los especificados en la encuesta son relativamente frecuentes (salvo juegos en red y búsqueda de empleo).

Los usos más frecuentes de Internet se resumen en la siguiente gráfica, con los mismos criterios y orden de las gráficas anteriores. De mayor a menor frecuencia absoluta: correo electrónico, docencia, investigación, viajes y vacaciones, leer la prensa, localización de teléfonos y direcciones (guía...), comprar y reservar entradas (comprar...), consultar el tiempo y la programación televisiva y bajarse música y películas. Aun siendo minoritario, el uso sexo merece comentarse por ser el más desigual, ninguna mujer lo menciona (y sí dieciocho varones).

Aunque suene regular, el teléfono móvil merece que se le llame con su artículo delante, como en los casos el padre de mi hijo o la madre que la parió. Nunca se exagerará cuánto nos ha cambiado, la emoción que en algunos provoca oír su timbre y la desilusión del “lo siento, se ha confundido”. Lo tienen, al igual que el PC, el 97,5%, para llamar y recibir llamadas, 61,2%, enviar y recibir mensajes, 32,7%, y realizar fotos, 5,3%. La mayor edad hace que los usos sean menos (menos fotos y menos mensajes) y el sexo, que las mujeres usen más los mensajes.

Usos más frecuentes de Internet según sexo

8. CINE

Notamos el paso de los años de muy diferentes maneras, y quienes tenemos la suerte de trabajar con gente joven lo notamos de más maneras. Una de ellas es la improcedencia de nuestros ejemplos para la explicación, cuando resulta que los alumnos ignoran de qué hablamos. Primero ocurrió con los ejemplos literarios, pero ahora me ocurre también con películas que daba por sobradamente conocidas6.

Hubo un tiempo en que para ver películas se iba al cine, para ver fútbol, al estadio, y para comprar, de tiendas. Ahora todo es más cómodo y puede hacerse desde casa. Entre los jóvenes universitarios de la Universidad de Málaga, el 73% de las películas eran vistas en casa, entre el profesorado es el 74,2%. Este aumento no sorprende, pues ya se ha subrayado que los usos privados aumentan con la madurez por razones obvias: la mayor disposición de renta y espacio propios. Lo que sorprende, por el contrario, es su semejanza, la relativa uniformidad que conlleva en la forma de ver cine7.

Por edades, los porcentajes de asistentes a salas de cine según frecuencia de asistencia son los siguientes:

Asistencia a salas de cine por edades (%)

Las diferencias que marca la edad se observan en el medio elegido para ver cine. Un cuadro de doble entrada resume esas diferencias.

 

Porcentaje de películas vistas en cada medio según edad

Los datos confirman lo que (desde el informe de los jóvenes universitarios) hemos sostenido, que el aumento de la edad conlleva el de la privacidad. Ahora bien, se están mostrando unas elecciones que, entre otras diferencias, señalan la de asistir a un acto público o no (ir a la calle o quedarse en casa), y resulta llamativo que los porcentajes de visiones en salas públicas se mantengan en valores próximos a partir de los treinta años. Algo puede ocurrir después de los veintinueve años que explique este cambio hacia el interior del hogar.

Frecuencia de asistencia a salas de cine según sexo

El cine americano (se sobreentiende que estadounidense) es el favorito, en respuesta múltiple lo menciona el 64,3%, seguido del español, 50%, y el europeo, 38,7%; los demás gustos suman el 7,3%. La amplitud de gustos (el número de tipos mencionados) presenta algunas diferencias por sexo, edad y área de conocimiento. De todas las categorías que se forman con las tres variables mencionadas, la de más amplios gustos es el área de ciencias experimentales, seguida de la categoría mujeres. La de gustos menos amplios es el área de salud, seguida de la categoría varones. A mayor edad también se amplían los gustos cinematográficos. La ampliación del gusto no es tanto efecto de un mayor número de tipos mencionados como de una desconcentración de los gustos, tienen gustos más amplios quienes menos prefieren el tipo más preferido por todas las categorías (el cine americano). La coherencia del dato no es tanta como parece. El cuestionario dice así: ¿Qué tipo de películas prefiere? Respuesta múltiple. Elegir un tipo no precisaba omitir otro, como el verbo preferir induce a pensar. Así pues, determinadas categorías gustan más o menos del cine americano, con independencia de sus demás gustos cinematográficos.

 

En lo que se refiere a la facilidad con que se encuentran en la cartelera local las películas buscadas, el 58,5% lo hace siempre o casi siempre; el 26,2%, de vez en cuando; y el 6,1%, nunca o casi nunca. Cuanto más común es un gusto, más fácil es encontrar en la cartelera local lo que se busca.

La asistencia a las películas que proyecta la Universidad es muy escasa, pese a que en la ciudad el interés por el cine es notorio. Rara vez (una respuesta que suena a compromiso) y nunca suman el 77,1%, alguna vez responden el 15% y frecuentemente, el 2,5%. Apenas hay diferencias por sexo. Por edad, coinciden con las de otras prácticas: los dos grupos mayoritarios (30-49 y 50-64) asisten casi igual, los más jóvenes asisten más y los mayores declaran frecuencias intermedias. Parecido comentario cabe hacer de la rama de conocimiento, la menos cinéfila (Técnicas) asiste aun menos que las demás. Quizá el mejor indicio de que las numerosas proyecciones (detalladas en el informe anterior) hechas a lo largo del curso movilizan poco al profesorado sea que lo hace por igual a funcionarios y no funcionarios. Un último dato puede ayudar a explicar el porqué de tan baja asistencia: cuando se valoran la calidad y la variedad de las proyecciones universitarias (por menos de 1/3 de los encuestados), la calidad obtiene una calificación media de 7,1, la variedad de 6,11. ¿No será que el profesorado más cinéfilo ya conoce estas películas o incluso las tiene a su disposición?

 

9. MÚSICA

Los datos dicen que la música se escucha; más difícil es precisar cuánto y cómo. Las frecuencias de escucha son altas: un 65,7% escucha música a diario y un 26,8% semanalmente (audición habitual), por un 3,6% mensual, un 2% de menor frecuencia y un 1,7% que no lo hace nunca. Es evidente que la música es de más fácil consumo que la lectura, de hecho, donde más se escucha es en la radio (la opción de respuesta era radio y televisión, pero ya sabemos que los programas musicales de televisión son muy poco vistos), en una medida (46%) que casi dobla la siguiente (equipo de música, 23,6%). Además, la música se escucha mayoritariamente en dos lugares con la misma medida: en casa (247 menciones, 33,7%) y en el coche (247 menciones, 33,7%). Si la música es buena compañía durante la conducción y haciendo footing u otra práctica deportiva (un 43,6% tienen MP3), el significado de su escucha puede tener tanto de orgánico como de psicológico y cultural8.

Pudiendo señalarse tres tipos de música como favoritos, la media ha sido 2,41 respuestas, y diez tipos de música han recibido más de un diez por ciento de menciones. Otra vez hay que subrayar una importante diferencia con la lectura. Son compatibles el gusto por la literatura clásica y la novela policíaca, no es raro que gusten a una misma persona las andanzas del hidalgo Don Quijote y las investigaciones del comisario Maigret, pero no son igualmente compatibles los gustos por la música clásica y por la heavy, si gusta la música de Shostakovich, es muy raro que guste la de Iron Maiden9. En conclusión, el eclecticismo musical es más difícil y, de hecho, las respuestas así lo señalan. Un tipo es más compatible cuanto más se menciona. Se resumen estos gustos en las siguientes gráficas, que informan de las preferencias mayoritarias según sexo, edad y área de conocimiento, las variables más discriminantes10. En cuanto a la audición general, las mujeres oyen más que los hombres, los de 30-49 años más que los de 50-64, y por ramas, el orden de mayor a menor frecuencia es el siguiente: Humanidades, Técnicas, Sociales y Jurídicas, Ciencias de la Salud y Ciencias Experimentales.

 

Las diferencias observadas por ramas guardan relación con la edad. El profesorado de Técnicas es más roquero y también más joven y el de Sociales y Jurídicas se adapta mejor al gusto mayoritario, pues ellos más que ninguna otra área definen la mayoría (63,5% de la muestra). Los varones son más roqueros y las mujeres más poperas y melódicas. La edad hace que el gusto por la clásica aumente notoriamente en perjuicio especialmente del pop. Las diferencias que más llaman la atención son las que menos pueden interpretarse (especulativamente, pues el estudio carece de dimensión temporal) como efecto de un cambio de gustos con el transcurso del tiempo. Que a las mujeres les guste menos la música clásica y más la música pop puede ser efecto de su relativa juventud (tres años menores que los hombres), pero las diferencias son de 10,5 puntos en clásica, a favor de los varones, y 30,3 en pop (español e internacional), a favor de las mujeres. Los gustos musicales parecen cuestión de sexo.

 

 

 

 

 

 

La asistencia a conciertos lo confirma. Agrupadas las frecuencias en tres: (1) mensual, (2) anual y (3) menos de una vez al año y nunca, la asistencia a conciertos presenta la siguiente distribución por sexos (porcentaje de quienes declaran asistir con la frecuencia indicada).

 

Asistencia a conciertos

 

10. TEATRO
El interés por el teatro es medio alto y la asistencia, baja. En una calificación que va de 1 (mínimo) a 5 (máximo), la media es 3,16, más alta entre las mujeres (3,3) que entre los hombres (3,06). También por rama y edad se aprecian diferencias.

 

Medias de interés por el teatro

Calificar el propio interés por un producto cultural con un valor intermedio puede ser una respuesta políticamente correcta, pero también una medida sincera del interés. La asistencia al teatro requiere un interés más alto que para otros espectáculos, por ello, las frecuencias de asistencia al teatro no pueden compararse con las de esos otros y, menos aun, con las del cine, pues ni se representan el mismo número de obras de teatro que de películas se proyectan, ni durante todo el año. Además, el atractivo y la comodidad del cine son efecto de su carácter visual, mientras que la fuerza del teatro radica en la palabra, menos atractiva y más exigente. Las frecuencias de asistencia al teatro son: una o más veces al mes, 0,8%; varias veces al año; 37,4%; una vez al año, 18,1%; menos, 14,4%; y nunca o casi nunca, 26,3%. Por sexos, las mujeres son más asistentes que los varones; por edad, los de 30-49 años más que los demás (en este orden: 65+, 50-64 y 21-29); y por ramas, el orden de más a menos es: Ciencias Sociales y Jurídicas, Técnicas (muy cerca de los anteriores), Humanidades, Ciencias Experimentales y Ciencias de la Salud. Las opciones de respuesta hacen impreciso un cálculo comparable de la frecuencia. He aplicado el procedimiento más fácil y operativo que se me ha ocurrido: hallar la media de las diferentes categorías, de donde se concluye la mayor y menor asistencia y el valor aproximado de la misma. Con los criterios sexo, edad y rama de conocimiento, la categoría más asistente es la de profesores de Ciencias Sociales y Jurídicas, seguida de mujeres y profesores de Técnicas, cuyas medias se acercan (por defecto) a una asistencia anual. Las demás medias son superiores, es decir, están comprendidas entre una vez al año y menos. Otro procedimiento sería omitir las respuestas imprecisas (menos y casi nunca/nunca) y sumar los porcentajes de las demás. Haciéndolo de este modo, el orden de asistencia entre las categorías contempladas es el mismo que el obtenido con las medias.

 

11. ACTIVIDADES DEPORTIVAS

 

Es un sinsentido que se llame actividad deportiva a la asistencia a espectáculos deportivos. Con independencia de las posibles relaciones estadísticas entre una y otra, la actividad espectadora y la actividad deportiva son, no sólo y obviamente distintas, sino también y principalmente opuestas. Para practicar deporte no hace falta dinero o muy poco. No se ganan medallas ni se baten marcas sin mucho dinero, pero se puede hacer deporte con muy poco. El espectáculo deportivo, en cambio, necesita mucho dinero. Mientras que sea negocio, es para bien de todos, pero, a veces, por encima de su rentabilidad, el espectáculo debe continuar y tiene que hacerlo con dinero público; en cuyo caso es difícil no compararlo con los circos romanos. No hay quien pueda imaginarse a Cataluña, a Madrid, a España entera, sin clubes de fútbol. Si necesitan apoyo económico público para sostener el coste del espectáculo, se le entrega a fondo perdido. Y visto desde la grada, ¿es una motivación deportiva lo que la llena? ¿No tienen razón quienes argumentan y justifican que lo que el aficionado quiere es ver ganador a su equipo (y derrotado al contrario)? Un espectador no es un deportista y menos aun en la grada. Asistir al espectáculo es una práctica cultural, no deportiva. El 62,6% del profesorado de la Universidad de Málaga practica algún deporte. Mayor proporción que entre el alumnado. Quienes lo hacen, lo hacen con frecuencia: 32,1% a diario y 56,6% semanalmente. En consecuencia, lo hace frecuentemente (cada día o cada semana) el 55,5% del profesorado. La diferencia por sexos es importante, practican el 69,5% de los varones y el 50,4% de las mujeres. A mayor edad, menor práctica deportiva (para todos los valores de la variable). Y en cuanto a las diferencias por ramas, el orden de mayor a menor práctica es el siguiente: Técnicas, Ciencias de la Salud, Ciencias Sociales y Jurídicas, Ciencias Experimentales y Humanidades, en todas ellas la frecuencia media está entre diaria y semanal.

 

Como las mayores diferencias se dan entre los sexos, son las que más atención merecen. La siguiente gráfica pretende resumirlas. Recoge la práctica de uno y otro sexo en los diez deportes más practicados por el conjunto. Esos diez no son los mismos para uno y otro sexo, porque ninguna encuestada practica los tres últimos: atletismo, fútbol sala y fútbol. En número de practicante, entre los siete primeros deportes siempre hay más hombres que mujeres, pero la gráfica muestra la mayor proporción de mujeres (respecto de todas las practicantes de su sexo) que de hombres (respecto de todos los practicantes de su sexo), que se produce en los deportes más practicados. Como ocurría entre los estudiantes, el gimnasio es la práctica deportiva femenina por excelencia. Su significado coincide sólo parcialmente con el de la práctica deportiva común, gimnasio es salud.

La asistencia a competiciones deportivas es del 23,2%, siendo el baloncesto y el fútbol los espectáculos deportivos más vistos desde la grada. El 30,5% de los asistentes no es practicante. La asistencia es mayoritariamente masculina, del 28,3% entre los varones y del 14,2% entre las mujeres.

12. OTRAS ACTIVIDADES CULTURALES Y GASTO EN CULTURA

 

La pregunta 57 del cuestionario pregunta por once actividades culturales por las que no se ha preguntado anteriormente. Se pregunta si se ha visitado un parque natural, pero no si se ha ido de paseo o de excursión al campo. Señalo esta cuestión como ejemplo de que los hábitos intelectuales son también ideológicos, que, en este caso, imaginan cultural la visita a una naturaleza enculturada en forma de parque, como si nuestra distancia con nuestros antepasados preurbanos no fuese de unos pocos miles de años, sino de muchos millones. Con parecida ideología se pregunta si se ha visitado un zoológico, pero no si se ha ido de cacería o a fotografiar buitres. Lo que sugieren estas elecciones (y omisiones) es una forma de entender nuestra relación con la naturaleza, pero también una concepción del acto cultural. Parecido a visitar un par-que natural (y no visitar la naturaleza) es practicar gimnasio (y no gimnasia). La práctica cultural se entiende como una práctica organizada (no espontánea) y mercantilizada (de ahí la importancia del gasto).Los porcentajes de participación en las actividades señaladas durante el último año son:

 

Para buena parte de los encuestados, la asistencia a conferencias y a congresos forma parte de la actividad profesional y, consecuentemente, la comparación con las demás actividades resulta difícil. No hay categoría con unas prácticas muy diferentes a las otras. Cabe decir lo que en cualquier otra cuestión, que a menor práctica más diferencias entre categorías pueden observarse, como efecto lógico de la estadística, pues, si el número de casos es reducido, las variaciones entre ellos serán mayores. En consecuencia, las visitas a un zoológico, a una feria comercial y a una de artesanía, no sólo lo que menos encuestados han hecho en el último año, sino también lo que más encuestados no han hecho nunca, presentan mayores diferencias; en cambio, la asistencia a conferencias, la visita a un monumento y la escucha o visión de un programa cultural, lo más hecho el último año, son prácticas comunes.

 

Pocos contestan una cantidad exacta de gasto aproximado en cultura. La media de este gasto concretado es 90 y la mediana 55 . En cambio, la mayoría contesta situándose en los tramos de gasto mensual prefijado. Hasta 60 , se acumula el 53,3% de los encuestados, pero un 40,8% se sitúa en el tramo abierto superior (> 60 ). No se pueden extrapolar los promedios anteriores porque quienes más gastan menos pueden precisar la cantidad. Los gastos superiores a 60 indican que a mayor edad, mayor gasto, que los varones gastan más que las mujeres, y que por ramas de conocimiento, gastan de más a menos: Ciencias Sociales y Jurídicas, Ciencias Experimentales, Humanidades, Ciencias de la Salud y Técnicas.

13. USO Y VALORACIÓN DE LA OFERTA CULTURAL UNIVERSITARIA

La universidad no ha funcionado hasta ahora como una empresa, sino como un servicio público. De diferentes maneras puede llamarse a lo que ha sido objeto de este servicio, formación, bienes de capital simbólico, etcétera, pero la cultura no ha sido demandada especialmente por su público, no al menos de forma comparable a una buena formación que capacite para el ejercicio profesional. La satisfacción y la demanda de un servicio público y la de bienes y servicios adquiridos y servidos privadamente no presentan la misma correlación. La valoración de la sanidad pública puede menguar al tiempo que su demanda aumenta y el valor de la oferta cultural televisiva puede aumentar al tiempo que su audiencia baja. Intentar medir el uso y la satisfacción de la oferta cultural de la universidad sitúa a la institución en una posición de desventaja con resultados inevitablemente engañosos y negativos en cualquier comparación. También se puede jugar con ventaja, haciéndolo en campo propio. Por ejemplo, convirtiendo la elección ociosa en decisión académica: recompensar con créditos la asistencia al acto cultural-académico. Así pueden conseguirse resultados con los jóvenes universitarios, pero el procedimiento no es aplicable a los profesores, ni al PAS, ni al resto de los ciudadanos, hacia los que la universidad ha de mirar también cuando oferta productos culturales.

Significativamente (existan o no las casualidades), la escala aplicada en cuestiones anteriores para medir frecuencia de asistencia a actos culturales, se sustituye por otra más imprecisa para medir la asistencia a actos organizados por la universidad: frecuentemente (5,9%), alguna vez (41,9%), rara vez (41,6%) y nunca (5,9%). Por categorías, los más asistentes son los de Humanidades, seguidos de los jóvenes de 21 á 29, los funcionarios de la universidad y las mujeres. Las respuestas a la valoración, 6,12 de media, son más complejas11. No se deduce de ellas, como en el estudio de los jóvenes, que a mayor uso mayor valoración; los más asistentes (Humanidades) son quienes menos la valoran. Entre las sugerencias de oferta cultural universitaria, sólo destacan entre menciones muy variadas: teatro (32 menciones), cine (18 menciones), conferencias (12 menciones) y exposiciones (10 menciones).
 
14. IN-CONCLUSIONES

En medio de su delirante merienda el sombrerero loco le dice a Alicia: “siempre es más fácil tomar más que nada”. Los profesores universitarios demandan más. Escriben libros y quieren seguir escribiéndolos, pintan cuadros y quieren pintar más, hacen teatro y cine, esculpen y realizan actividades musicales, y siempre son más quienes quieren hacerlo. Parece obvio que la demanda cultural del profesorado existe, aunque no se le haya dado en este informe forma y medida precisas y la oferta cultural universitaria la satisfaga a medias. No debe ser fácil dar más y mejor, por eso merece la pena intentarlo.

 

NOTAS

1. Tal como se puntualizó en el anterior informe sobre los estudiantes, no cabe concluir que los más jóvenes leerán más cuando sean mayores. Los datos dicen que la lectura aumenta (no que aumentará) con la edad entre el profesorado universitario. Aunque nuestra redacción induce a pensar lo contrario.

2. La redacción vuelve a ser engañosa. No se produce ningún trasvase porque no son las mismas personas las que leen uno u otro tipo de libros.

3. Las preguntas no han permitido registrar la lectura de publicaciones deportivas, ni entre los diarios, de los que se excluían expresamente los deportivos, ni entre las revistas temáticas, entre las que no se mencionan las deportivas. Quizá la prensa deportiva no tenga entre el profesorado universitario el público que tiene en el conjunto de la población, pero debe haberlo. La omisión puede que no sea fortuita, pero no es un olvido “políticamente correcto”, pues la referencia expresa se hace para la radio y la televisión.

4. A falta de pruebas en contra, puede argumentarse una hipótesis generacional. Los menores de 50 años en la primavera de 2007 nacieron con posterioridad a la primavera de 1957 y los mayores lo hicieron con anterioridad. Los primeros aprendieron a leer con la tele en casa, no así los segundos.

5. Los nueve tipos de programas recogidos en la gráfica son los de mayor audiencia absoluta. Por minoritarios, no se han incluido dos tipos de programas con un fuerte sesgo sexista: infantiles y magazines, ambos de audiencia mayoritariamente femenina. Cada barra representa la proporción (tanto por mil) de encuestados de ese sexo que menciona (en cualquier orden de opción) ese tipo. Las gráficas de barras sucesivas están hechas con el mismo procedimiento, pues en todas el propósito es comparar la audiencia de ambos sexos en los usos mayoritarios.

6. Curso tras curso, los que creía clásicos populares van siendo cada vez más desconocidos. El curso pasado le tocó a Ben Hur. Tan satisfecho de mi ejemplo como en años anteriores, empecé a “recordarles” a los alumnos el diálogo que en la almadía, tras el final de la batalla naval, sostienen el judío creyente Ben Hur y el incrédulo almirante romano. Ben Hur explica su confianza en escapar de galeras: su Dios no hubiese permitido su nacimiento para tan triste fin. Curiosa forma de pensar –contesta el romano–, creer que la vida humana responde a una finalidad. A lo que Ben Hur contesta: ”Así piensas porque no crees en tus dioses, pero yo sí creo en el mío”. No estoy seguro de que el diálogo sirviese a mi propósito, pero algo aprendí, me enteré de que no conocían la película.

7. Esta uniformidad se explica de dos maneras. Primero porque cuanto mayor sea la afición por un uso o consumo, más difícil es satisfacerla con una oferta dirigida a un público de tamaño suficiente para rentabilizar una producción industrial. El aficionado más exigente no queda satisfecho con lo servido por las grandes distribuidoras, lo mismo se trate de música vendida en una gran superficie comercial o de la oferta cinematográfica de una cadena televisiva de pago privado (especialmente en cuestiones de cine). De donde se concluye que aunque quien paga por ver películas (más vistas por quienes tienen TV de pago privado que por quienes no) gusta más de ver cine en televisión que quien no paga, los gustos de uno y otro no son muy distintos. Segundo porque los dos grupos de edad extremos (21-29 y 65+) tienen poca representación en el con junto de la muestra y, como se verá con los datos, entre 30 y 64 años los usos hogareños se imponen de forma generalizada.

8. Pero el hecho de oír música en el coche (conduciendo) es compatible con oírla en casa (de un modo muy distinto). Un uso más cómodo, distraído y mayoritario (en la radio del coche) también se da entre quienes escuchan música de forma más atenta (en el equipo de casa). No se trata de oyentes distintos en todos los casos, sino de formas de audición distintas (una mayoritaria y otra minoritaria).

9. No entro en si es una cuestión de calidad o no. Ciertamente, el ejemplo elegido para la literatura podía haber sido otro menos compatible (si en lugar de Simenon, el escritor policíaco es Agatha Christie), pero, sea así o no, afecta al tipo de música como no lo hace al tipo de literatura.

10. El olvido o la aplicación mimética de la irritante calificación música étnica, que los ingleses aplican a algunas músicas extranjeras y no a las suyas, ha impedido medir la escucha del flamenco.

11. Merecen una observación más atenta, que se hace en el capítulo referido al conjunto de las universidades andaluzas.